En el dinámico mundo de la construcción y el diseño, la necesidad de una comunicación eficiente y precisa entre los diversos actores involucrados en un proyecto ha sido siempre un desafío constante. Industry Foundation Classes (IFC) surgió como una respuesta a esta necesidad, proporcionando un estándar abierto para el intercambio de datos en el sector de la construcción. Sin embargo, a medida que la industria avanza hacia una mayor digitalización y complejidad, IFC también debe evolucionar.
Según el último informe publicado por el observatorio BIM (07 – Primer Semestre 2019), el formato IFC es cada vez más solicitado por las administraciones públicas. A pesar de ser un formato con ciertas limitaciones, también cuenta con grandes potenciales como es la estructuración del modelo a partir de clasificaciones internacionales (GubimClass, OmniClass, UniClass…), clasificaciones particulares de empresa o incluso específicas de proyecto.
No voy a entrar en el debate sobre si se debe o no se debe editar el IFC ni en quién o quiénes tendrían que hacerlo en caso que sí. Son cuestiones que a futuro podría resolver la legislación o una matriz de responsabilidades incluida en el Plan de Ejecución BIM de cada Proyecto.
En este artículo me voy a centrar en justificar la necesidad de poder hacerlo y además, demostrar que efectivamente es posible con mayor o menor esfuerzo y éxito en mayor o menor grado según la solución escogida